Un clásico que tenía pendiente, por miedo al fracaso, pero que me ha quedado muy digno.
Son muchos recuerdos de infancia, de días de invierno, de mi padre "picando" las migas del pan del día anterior, de mi madre, la artista, diciendo que si no salían bien comeríamos huevos fritos (y siempre salieron bien), de mi querido tío Manolo, que nos las hizo una vez en el campo, a fuego y caldero...
Mi madre las hace sólo con ajo y aceite, y las acompañamos con aceitunas y vino tinto (y a veces con sardinas asadas).
Yo, en este "bautismo" de migas, las he querido hacer, además con algo más de "grasa", y me han quedado muy dignas.
INGREDIENTES (4 - 5 personas):
- Dos barras de pan, del día anterior.
- Aceite de oliva.
- Cinco o seis dientes de ajo.
- Un trozo de chorizo y uno de tocino.
- Un pimiento rojo.
- Un huevo por comensal (opcional).
- Sal (yo no puse porque el tocino venía salado, y tuvo bastante) y un poquito de pimentón (yo dulce).
PREPARACIÓN:
Unas horas antes, partir el pan en rodajas muy finas o en trocitos pequeños.
Poner en una olla grande, o caldero un buen chorro de aceite de oliva (generoso) y poner a dorar los dientes de ajo, y el pimiento cortado en tiras medianas. Cortar en rodajas el chorizo y en tiritas el tocino y añadir, junto con el pimentón.
Si el pan está muy seco, rociarle con un poco de agua (previamente salada si es el gusto) y añadir al aceite, removiendo todo inmediatamente para que la grasa se reparta por todo el pan. Remover continuamente unos diez o quince minutos, "golpeando" con la espumadera para terminar de partir bien el pan.
Mientras ir friendo los huevos.
Servir muy caliente, acompañado de aceitunas y, para mi, imprescindible con vino tinto.